viernes, 22 de febrero de 2013

¿Por qué a mí?


¿Por qué a  mí? Esta es la reflexión a un día en el cual me pasó de todo menos algo normal.

Para comenzar descubrir que cuando Selene viene conmigo en el bus, no me encuentro con cierta gente, que si ella no viene va en el bus. Decir que esto es un plus añadido a la agradable compañía de Selene, no hace falta decir que juntarnos a las dos a las 7 de la mañana con efecto de privación del sueño, es algo peligroso. Lo único que puede pasar es que nos encuentres en los vestuarios en vez de cambiarnos, bailando el Gangnam Style, pero nada más.

Después del pequeño inciso y a los cinco minutos de llegar a la planta en la cual estoy de prácticas, Psiquiatría, que se vaya la luz todos con cara de ¿qué narices está pasando? Y lo mejor de todo es que las puertas están preparadas para que se cierren en caso de emergencia y cuando se vaya la luz. Así que, una enfermera que se encontraba justo en el pasillo, vio a uno de los pacientes y justo mientras la puerta se cerraba le iba indicando que no se preocupara que en cinco segundos le abriría otra vez la puerta.

A todo esto yo me encontraba en medio del control, con una cara entre felicidad y no sé qué pasa ¿no hemos vuelto todos locos? A mayores la medicación se reparte vía informática, a consecuencia del microapagón el ordenador se reinició y no pudimos repartirla hasta una hora después de lo que se hace normalmente (cosas de las nuevas tecnologías, tan buenas para unas cosas y tan malas para otras).

Además de todas estas incidencias, descubrir que hay gente que tiene cambios de humor, cada cinco segundos toca la moral, encima si los tienes que aguantar durante toda una mañana entera. Te lo digo por propia experiencia no sabes, si tienes tu el problema o lo tienen los demás y con mi propia experiencia a veces me confundo, cosas de ser una persona peculiar.

Después de una mañana tan completita, ¡cómo no! la tarde no es mucho mejor.  Tener que exponerle un trabajo a tu profesor en grupo y que no oigas a la representante de tu grupo, ni al profesor y que este se te quede mirando con cara de risa y felicidad y te pregunte ¿no has oído nada, verdad? Y tu contestarle un no y por dentro sentirte tontita.

Pero lo mejor es el remedio para compensar este día de desavenencias. Quedar con Selene, Danielle,  Janet,  Astrid y Lexie para tomar un coffee y desconectar de todo.

T.

lunes, 11 de febrero de 2013

Glucemias, tensiones y tostadas ignífugas.

¿A que te suenan las palabras glucemias y tensiones? A alguien normal, a estudio de salud; a un estudiante de enfermería en prácticas, a tortura medieval. Por eso, cuando ves que tu día se va a resumir en eso, tomar glucemias y tensiones, sabes que va a ser un muy mal día.

Mi sufrimiento se inicia al llegar a planta y encontrarme con la típica enfermera mayor que pretende ir de joven y "enrollada" (o eso dice ella), para que tras una sonrisilla falsa me suelte un: "¿Me vas tomando las tensiones, pitiño?". Parece  ser que al empezar las prácticas firmé un contrato donde pone a tamaño gigante: TOMARÁS TODAS LAS TENSIONES DE PLANTA!!, por eso las demás dieron por hecho que así lo haría.

Como parte de un oscuro complot el chisme de la tensión decide quedarse sin batería. En esto, que comienzo a forcejear con el enchufe y escucho un ruido atronador. "Ya está, por fin me he cargado el hospital" pienso. Pero nada más lejos de la realidad. Estaban trayendo el carro de los desayunos. Recuerdo aquí el punto dos de mi contrato no firmado: TOMARÁS TAMBIÉN LAS GLUCEMIAS!!, iniciando así una carrera de obstáculos, saltando sillas de ruedas, adelantando carros de curas y zigzagueando entre pacientes para ganarle la carrera a los desayunos y poder hacer las glucemias a tiempo.

Con el trabajo terminado, decido que me merezco un buen descanso, por eso me voy a buscar a Danielle, Lexie y Selene para nuestro habitual desayuno de media mañana. Tras una cola interminable, donde la señora que nos atendió estaba más amargada que un café sin azúcar, logro pagar mi tan ansiada (y merecida) tostada.

La introduzco en la máquina infernal, y Selene aprovecha mi turno en la cola para meter la suya. Después de un tiempo prudencial, las tostadas de mi amiga salen a la luz, mientras que la mía (que por cierto, había metido primero) continúa desaparecida. Se me ocurre la genial idea de investigar su paradero, y ¿qué me encuentro? Mi tostada atravesada en medio de la máquina comenzando a arder.

Rápidamente la saco con las pinzas y la golpeo con éstas para tratar de apagar el mini-incendio ante las atónitas miradas del resto de los clientes. Por supuesto, me giro y les suelto con naturalidad un: "¿Qué pasa? Me gustan muy tostadas."

A.