lunes, 11 de febrero de 2013

Glucemias, tensiones y tostadas ignífugas.

¿A que te suenan las palabras glucemias y tensiones? A alguien normal, a estudio de salud; a un estudiante de enfermería en prácticas, a tortura medieval. Por eso, cuando ves que tu día se va a resumir en eso, tomar glucemias y tensiones, sabes que va a ser un muy mal día.

Mi sufrimiento se inicia al llegar a planta y encontrarme con la típica enfermera mayor que pretende ir de joven y "enrollada" (o eso dice ella), para que tras una sonrisilla falsa me suelte un: "¿Me vas tomando las tensiones, pitiño?". Parece  ser que al empezar las prácticas firmé un contrato donde pone a tamaño gigante: TOMARÁS TODAS LAS TENSIONES DE PLANTA!!, por eso las demás dieron por hecho que así lo haría.

Como parte de un oscuro complot el chisme de la tensión decide quedarse sin batería. En esto, que comienzo a forcejear con el enchufe y escucho un ruido atronador. "Ya está, por fin me he cargado el hospital" pienso. Pero nada más lejos de la realidad. Estaban trayendo el carro de los desayunos. Recuerdo aquí el punto dos de mi contrato no firmado: TOMARÁS TAMBIÉN LAS GLUCEMIAS!!, iniciando así una carrera de obstáculos, saltando sillas de ruedas, adelantando carros de curas y zigzagueando entre pacientes para ganarle la carrera a los desayunos y poder hacer las glucemias a tiempo.

Con el trabajo terminado, decido que me merezco un buen descanso, por eso me voy a buscar a Danielle, Lexie y Selene para nuestro habitual desayuno de media mañana. Tras una cola interminable, donde la señora que nos atendió estaba más amargada que un café sin azúcar, logro pagar mi tan ansiada (y merecida) tostada.

La introduzco en la máquina infernal, y Selene aprovecha mi turno en la cola para meter la suya. Después de un tiempo prudencial, las tostadas de mi amiga salen a la luz, mientras que la mía (que por cierto, había metido primero) continúa desaparecida. Se me ocurre la genial idea de investigar su paradero, y ¿qué me encuentro? Mi tostada atravesada en medio de la máquina comenzando a arder.

Rápidamente la saco con las pinzas y la golpeo con éstas para tratar de apagar el mini-incendio ante las atónitas miradas del resto de los clientes. Por supuesto, me giro y les suelto con naturalidad un: "¿Qué pasa? Me gustan muy tostadas."

A.

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